Bienvenidos

El camino

 

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En medio del camino, estaba un hombre.  Solo.  Rodeado de miles de colores y formas. Aromas y roces, que lo animaban a seguir por muchos de senderos.

Había también otros, que solitarios como el, se acompañaban de la multitud de estímulos. Se embriagaban embelezados de tantas posibilidades.  Por momentos se preguntaban… ¿que hago aquí? ¿Hacia donde voy? ¿Quien soy? ¿Quiénes son los demás?

Pero, al igual que el hombre, quedaban encerrados como en la propia burbuja de las percepciones… alienados en la  creencia de que hay una única manera de ver la realidad. La que se planteaba a través de sus sentidos. Y vivían entregados a una extraña actividad que (desde afuera) podría verse como una ensoñación continua.



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El hombre dudo de que hubiera una unica manera de ver la realidad.  Entonces se encontró haciendo varios intentos de compartir su percepciòn con otros. También trató de ver como veían los demás. Se dio cuenta que mas allá de la ensoñación, había una realidad común. 
Pero
no sabía como encontrarla. 
Envió colores. Tradujo sus emociones en aromas.  Habló en imágenes y hasta se animó a hacer un salto mortal con una cuerda de esas que se usan en los entrenamientos de boxeo… pero el único resultado fue una olímpica caída de boca. 

Los demás no llegaban a ver sus intenciones, ni sus hechos.  Encerrados en su úinca manera de ver las cosas, veían fantasmas y sombras remendosas.  Se asustaban creyendo que los fantasmas y sombras venían del hombre. Pero se equivocaban.  Eran sus propios fantasmas y sombras, proyectados por la estrecha terquedad de creer que su unica forma de ver las cosas era la mas válida y real.
El hombre en sus infructosos intentos, terminó herido y calumniado. Lo acusaban de todo lo que les asustaba y que ellos tenían dentro. 
Nada mas fácil que expiar en el otro lo que nos duele dentro. Pero tambien nada mas equivocado.

Después de limpiarse el polvo de la caída, el hombre se dió cuenta que, a pesar de no haberse comunicado en sus varios intentos, logró muchas cosas.  Aprendió a usar los colores.  Conoció mas sobre la ignorancia, ya que aprendió a ver como los demás podían descargarle muchas fantasías, sin siquiera preguntarse si realmente estaban haciendo, pensando o diciendo algo real. 

Logró muchas cosas… Pero todavía no había logrado llegar a conectarse con los demás.  Salir de su soledad.


Fue allí que hizo lo único que le quedaba por hacer.  Se sentó.


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Hizo silencio y esperó.

Esperó y en su espera habló primero con sus lágrimas y luego con la lluvia.  Habló con el cielo y las estrellas. Habló con el amanecer y con los charcos.  Empezó a resonar en su interior que la soledad no estaba sola,  estaba habitada por infinita sabiduría. Tal vez eso era lo que algunos llaman Dios!!!.  Esa resonancia silenciosa, que hacía que pudiera hablar con el silencio.  También era el sonido de su corazón. 

Se zambulló en esa dulce música y encontró la luz que nunca deja de ser Luz. 

Y en esa luz pudo atravesar la barrera que lo separaba de los demás al descubrir que el sonido de su corazón era un sonido común a todos. 

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